Echemos la vista atrás seis años, a 2020. Los agricultores del Campo de Cartagena (CC) eran señalados como los principales responsables de la degradación del Mar Menor (MM). Se les acusaba de provocar la proliferación masiva de algas por el uso de fertilizantes y los supuestos vertidos de nitratos, trasladando a la opinión pública la idea de que la agricultura era el origen casi exclusivo del problema, mientras quedaban en segundo plano las deficiencias históricas en saneamiento, la presión urbanística o la gestión hídrica del territorio.

En ese contexto nace Fundación Ingenio (FI), para aportar datos frente al ruido, evidencia científica frente a la acusación y una voz común frente al señalamiento. Su objetivo fue claro desde el principio: demostrar que los agricultores no eran el problema, sino parte imprescindible de la solución, y devolver al sector dignidad, unidad y capacidad de defensa.

Si FI no hubiera existido, muchos agricultores del CC habrían quedado aislados ante una presión normativa y social creciente. Sin estructura, sin representación y sin respaldo técnico, el desgaste habría sido enorme y la viabilidad de muchas explotaciones, incierta.