Advierte del «tremendo impacto ecológico que supone cambiar suelo cultivado con un manto verde por suelo industrial sembrado de placas solares»

 

Noticia completa en La Opinión de Murcia

 

Fundación Ingenio ha recabado información y testimonios que acreditan que se están firmando contratos engañosos entre agricultores y grandes empresas multinacionales instaladoras de placas solares. Estas empresas prometen unos rendimientos económicos que en muchos casos no se producen, siendo incluso inferiores a los de la propia actividad agraria. En consecuencia, los pequeños propietarios ingresan menos y, además, con el cambio de uso de la tierra que han firmado, ya no pueden dar marcha atrás y volver a cultivar.

La advertencia de este fenómeno proviene de expertos en instalación fotovoltaica y pequeñas empresas instaladoras de la Región de Murcia, a las que han acudido agricultores locales que no están viendo cumplidos los retornos económicos prometidos por las grandes multinacionales y que desean tener una aclaración técnica neutral. En esta línea, Ingenio advierte que dará la batalla política y legal. Asimismo, se compromete a atender a los pequeños propietarios que se creen estafados y que han sucumbido a la presión que se ejerce desde diferentes Administraciones y empresas multinacionales para instalar placas solares en sus tierras de cultivo.

Fundación Ingenio asiste con preocupación a la apisonadora de las placas y pregunta «cómo será el campo de la Región de Murcia dentro de quince años». Además, avisa que, para instalar placas, el suelo agrícola debe cambiar de uso y convertirse en suelo industrial, cambiando así un manto verde por un mar de hierro y cristal. «Desaparece la actividad agrícola y el suelo se convierte en inerte, recalentado y estéril», añade.

«Cada hectárea que muta de agricultura a placas, menos biología, un impacto medioambiental tremendo que nadie se ocupa de denunciar ni de prever”, denuncia Fundación Ingenio. Y expresa su “gran preocupación por el impacto no sólo paisajístico, sino también climático, que pueden producir los masivos huertos solares: se produce un exceso de calentamiento del suelo y se utilizan los pesticidas más agresivos para evitar que crezca planta alguna entre el mar de hierro y cristal».

La organización que defiende los intereses de los agricultores augura además un futuro a medio pazo preocupante: «Cuando estalle la burbuja y los campos de placas tengan muy poca rentabilidad y se abandone esta actividad, ¿quién se hará cargo de los miles de millones de toneladas de chatarra y cristal con las que están alicatando nuestro campo? ¿Quién lo retira? ¿Quién lo mantiene? ¿Serán los antiguos agricultores responsables de hacerlo? Ojo con este punto porque será una herencia desastrosa que empezaremos a ver dentro de no mucho».

La Fundación viene denunciando dos fórmulas de presión para el alicatado con hierro y cristal de nuestros campos más productivos:

1- Desde las Administraciones públicas, como la ley del Mar Menor de Murcia como instrumento, que obliga a los agricultores a arrancar sus regadíos y sólo les da como alternativa para ganarse la vida la instalación de placas solares, vulnerando así un derecho constitucional como es la libertad de empresa. O las expropiaciones masivas de terrenos de cultivo por parte de Ayuntamientos para la instalación de estos mares de cristal y hierro, como viene ocurriendo en infinidad de pueblos de toda España. Una realidad que apenas trasciende a los medios de comunicación y que FI Rural se ha propuesto difundir para conocimiento de la opinión pública.

2- La presión de las grandes multinacionales a los pequeños agricultores hasta que tiran la toalla y entregan sus tierras, una decisión soberana de los propietarios pero que muchas veces esconde una letra pequeña en la que no se repara.

En este sentido, las propuestas que reciben los agricultores por parte de instaladoras muchas veces no se cumplen. ¿Cómo pueden prometer mayor beneficio del que obtienen los agricultores por hectárea si ni siquiera lo conocen? ¿Cómo pueden garantizar un rendimiento de producción de energía cuando cada explotación es diferente? Las tierras reconvertidas en fotovoltaicas tienen unos costes de los que muchas veces no se informa al agricultor y un rendimiento final menor del esperado. De esta forma, aflorarán muchos casos en los que el agricultor tenía más ingresos cuando su tierra era de cultivo y no un mar de cristal y hierro, generando así gran frustración y una sensación de engaño. Así lo están trasladando perjudicados a FI y pequeñas empresas instaladoras de la Región.